martes, 9 de diciembre de 2008

Para ti

jueves, 4 de diciembre de 2008

Jaén y sus aceitunas



Llego a Jaén a las once de la noche. Pueblo pequeño, ya casi todo está cerrado. Hace frío pero no tanto como en Madrid. Voy para la estación de autobuses, donde hay unos 15 inmigrantes con sus maletas esperando a que los echen para ir a dormir a la calle. Hablo con Said, con Mohammed y con Isas. Marroquíes, senegaleses, algún guineano. Todos con papeles, pero sin trabajo.
Este año, la recogida de la aceituna en la provincia de Jaén, una de las campañas más importantes en España, va a ser realizada por los españoles. El paro les obliga a volver al campo, de donde escaparon hace ya mucho tiempo. Los temporeros tomaron el relevo. Años y años trabajando aquí, y ahora se encuentran con que no pueden.
Viene de Lérida, de Almería, de Valencia. Vienen de otras campañas agrícolas, de la construcción, de todos esos sectores que están en crisis y ahora los escupen. Son unos 2000 en la provincia, de los que unos 500 están durmiendo al raso.
Cuando llegan a Jaén, se encuentran con la calle y un billete de autobús que la junta les ofrece para que vayan a otros pueblos a buscar trabajo. La junta bien sabe que no van a encontrar nada, lo hacen para no tenerlos a todos juntos y no crear “alarma social”.
Los albergues no dan abasto. Sobra gente por todos lados; vagan por las calles, duermen en cajeros. Los voluntarios de la Cruz Roja les atienden cada noche; les dan mantas, un saco de dormir, artículos de aseo.
El centro de recogida de transeúntes de Jaén se convierte en esta época en albergue temporal. Dan una comida por día, y tienen camas para 200 personas, que se pueden quedar un máximo de tres días. Cuando les echan se quedan durmiendo fuera del albergue, entre cartones y hogueras.
Parece ser que la crisis es la culpable. Una crisis que golpea a los de siempre, que ahora ni siquiera se pueden permitir el lujo de ser explotados.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Somewhere I have never travelled - E. E. Cummings

En algún
lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque diestro
y misterioso su primera rosa.

O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier.

Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.

Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas...

Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas

e. e. cummings

domingo, 28 de septiembre de 2008

La abeja y el oso

Había una vez un oso y una abeja que vivían en un bosque
y eran muy buenos amigos. Durante todo el verano la abeja
recogió néctar desde la mañana hasta la noche, mientras el
oso pasaba el día tumbado panza arriba en la hierba.

Cuando llegó el invierno el oso se dio cuenta de que no tenía
nada para comer y pensó: "Espero que la atareada pequeña
abeja comparta algo de su miel conmigo". Pero la abeja no
aparecía por ninguna parte-había muerto de una enfermedad
coronaria producida por el estrés.

BANKSY

domingo, 14 de septiembre de 2008

No todo el mundo es un puto Napoleón

Un colchón en el suelo y un Cd en un equipo de música que te había regalado tu ex novio, con la pila llena de platos sin lavar de días metidos en tu habitación, y la ventana a la glorieta de un pueblo que se apagaba completamente por las noches…

El tacto de un nórdico sucio, libros de Historia de la Imagen en las estanterías y ninguna foto mía en el tablón…

Remordimientos pero también ilusiones, y el mundo desapareciendo en cada canción y en cada mirada…

Olor a promesa de primavera, pantalones de pijama tan sexys, y el tacto de tus jerséis alejándome de toda la mierda con la que me encontraba cuando no estaba contigo…

Comer a las cinco, cenar a las dos de la madrugada e ir a clase a cualquier hora sin ser capaz de aprender nada…

Días, semanas o meses; no existía nada, sólo el dolor de las horas en las que salía de tu portal y caminaba hasta el autobús que me traía de vuelta a una realidad que, por suerte, ya hace tiempo que diste vuelta por completo.

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